Así podría denominarse al tiempo. ¿Cuántas cosas están determinada por él?
Los placeres de nuestra vida se ven muchas veces influenciados por nuestra disponibilidad y nuestra agenda (ya sea por trabajo, estudios u otra actividad). Esas obligaciones pueden generar problemas a quien las cumpla, más que nada en aspectos sociales o culturales. Pero, también, se puede poner la propia vida en riesgo. ¿Quién no cruzó un semáforo en rojo apurado? ¿O quién no se subió al tren en movimiento con tal de llegar a hora al trabajo?
Por un lado indigna que pasen tantos accidentes de tránsito, pero es cierto que a veces el reloj nos maneja y que, asímismo, hay personas a las que parece no importales el apuro del otro y se toman todo con ligereza. Además, deberían solucionarse algunos problemas, como por ejemplo las angostísimas veredas que hay en algunos puntos de la Ciudad de Buenos Aires (lo que genera una acumulación de gente o, en peor caso, la muerte de algún peatón que circula por la calle para esquivar al resto con tal de no restrasarse).
Otra solución, y la más obvia, sería la programación de nuestras acciones diarias, para no derrochar horas y hacer algo que sirva. Es una ecuación simple: ocio+improductividad=minutos perdidos.
Puede sonar difícil, pero estos elementos forman parte, en menor o mayor medida, de la tijera que puede cortar ese hilo que nos controla.